julio 18, 2009

THE BIG SHAVE

ahí va un tajito. otro. a toda carrera. uno más. se ve la carnecita. chorrea el jugo caliente y pegajoso. lindo mirarte las piernas alisadas de pronto, ahora más blancas, con tiritas bordó. y ni hablar de mi cara mientras la va afeitando a la carrera mi mano huesuda y negra. le imprimimos el ritmo de la crema y parece de limón con jarabe de frutilla. estás para comerte. el vapor sube desde la pileta pero el espejo no sabe que ahí abajo el cuerpo continúa, sí, porque hay más, no es una cosa partida, sin mortaja, lo que pasa es que no se ve. lo que pasa es que en la desnudez siempre estamos incompletos: la desnudez pide ser completada con otra desnudez. y vos aquí, para enterarte conmigo de estas cosas. las gotitas de crema y frutilla tienen puntitos negros, chispas de chocolate. la piel no sabemos dónde está realmente, si algo la cortó, si fue el aire frío en contacto con el agua caliente, si un organismo unicelular la carcomió, o si sencillamente la carne tiene por destino brotar, ganar la luz y solo eso importa. la desnudez es contagiosa. creo que hago lo mismo dos veces, junto agua en las manos y la echo en mi cara, parezco imitarme. actúo como si no me estuvieras observando. veo el ardor en la contracción de mi cara, enflaquecida de pronto. tengo mucha sed, merodeas con la vista debajo de la ducha, las tiritas de tus piernas, la crema de limón con frutilla. la carnecita late, una invitación al interior del magma. de manera que así somos cuando en verdad estamos desnudos.

julio 11, 2009

LO QUE SALE, LO QUE VUELVE, LO QUE NO SE VE

qué pasa, estás enojado. no. entonces. no sé, no sé, dejame tranquilo, estás grabando esta conversación. sí. por lo menos me podrías avisar, no te entiendo, en serio, con qué necesidad. estás enojado. qué es esto, la segunda toma, no ves que quiero dormir, te aprovechás que estoy medio zonzo de sueño y me hacés decir cagadas, pero de esto se va a enterar la gente, decime, seguís grabando. nunca dejé de hacerlo. estás enfermo, sabés. no es para tanto, además no cuesta nada, el único que labura soy yo. ah, sí, cómo. a la hora de desgrabar, me lleva sus buenos ratos. no me digás. sí, aunque no creas, es un trabajo ingrato, se te tuerce la espalda, te arden los ojos, te zumban los oídos, se te agota la paciencia, te hace puré los nervios. uy, qué sacrificado. viste, encima escuchar tu vocecita de salame una y otra vez, una y otra vez. vos te lo buscás. lo que pasa es que no entendés nada, lo mío es un trabajo sociológico, algo intelectualmente serio. in-te-lec-tual-men-te serio, de dónde sacás eso, no quiero imaginar. pero es verdad, viejo, es que vos. es que yo nada. es que vos nada más te la pasás diciendo boludeces y te las quiero mostrar para que te curés, es el método clínico de guattari. estás seguro. sí, me lo contó el psicológo. de qué me tengo que curar si acá el único enfermo sos vos. esperá, la idea en primer lugar fue del psicólogo. y dale con eso, mejor dame la dirección así le pego un tiro y nos deja en paz a los dos, dale, haceme caso, aprovechá que es gratis. sí, te brillan los ojitos, siempre te ponés así, no sirve de nada. nada sirve en esta casa, nada, si quiero colgarme del techo no sirve la hebilla del cinto o se rompe la viga, si quiero electrocutarme resulta que no hay luz, si quiero meter la cabeza en el horno alguien ha dejado un pollo riquísimo con un cartel de NO TOCAR clavado en medio de la pechuga, por favor, podés creer, es una tortura, te voy a denunciar a derechos humanos porque no me dejás hacer mi vida en paz. y qué es hacer tu vida en paz. suicidarme de un puta vez. qué lindos planes tenés, igual lo del pollo está bien hecho, estás medio gordito, mirá, te salvé de un accidente cerebro vascular, ahora están de moda, creo que ibas derecho al cajón, y a este ritmo tu cajón iba a ser de esos para guardar pianos. no seas tan hijo de puta, además esas cuestiones me resbalan, pura vanidad, lo que importa es qué tenés en la cabeza. bueno, sí, el peinado dice bastante de la gente, y las ojeras y la cantidad de dientes al reír. digo el cerebro, cabeza de pingo. ah, bueno, en ese caso no es para tanto, eso no se ve. cómo que no. lo importante es comer sano y no morir de frío. andá a decirles eso a los cirujas. ellos porque son vagos. en serio decís, mirá si me vuelvo ciruja. quedáte tranquilo que ya sos uno y bien sucio, tenés techo y comida pero ni aunque te vista de seda, mirá. porqué me decís eso. así que te levantaste susceptible hoy. bueno, en realidad no me levanté todavía, pero no, no sé, qué querés decir, sos un pelotudo, no, pará, pará, lo que importa es, no importa tener cosas si por dentro tu espíritu es un desierto, entendés. encima de ciruja, evangelista, te das cuenta de lo que estás diciendo. sí, digo que sos un, que algunas personas son huecas, cuando las saludas hacen eco por dentro, un rato largo. y vos quién te crees que sos, dios. estoy hablando en serio, sabés lo que sos vos. qué, a ver, decime así me entero. sos un fascista, te hacés el zurdito y te chorrea la grasa facha, ahora dejame dormir, un hombre despierto antes ha tenido que haber dormido un rato por lo menos, no se pueden tener los ojos abiertos todo el tiempo. entonces no los abrás, hablá, hace falta la boca nomás. tampoco quiero. es por tu bien, es parte de la terapia, ya te dije, escucharte a vos mismo permite que lo que sale del cuerpo vuelva a él, dice el psicólogo. a quién, al psicólogo. no, imbécil, al cuerpo. no será de esos que después te salen con el cuento de tomar tu orina, no. mi orina, por qué la mía. la orina, la de cualquiera, tomarsela en ayunas. ah, no, no, este es bien serio, hasta tiene un programa en la tele y todo. no me digás. sí, el otro día hipnotizó a un loco para curarlo de sus pesadillas. qué soñaba. que se convertía en cinco kilos de asado el día de su cumpleaños. cinco kilos, porqué cinco. porque dice que estaba de oferta, pero no era todo, los invitados lo comían y cuando estaba dentro de la panza descubría lo que cada uno pensaba de él. y qué pensaban. primero que era intragable y después que era una bosta. y para eso lo hipnotizaron, bastaba con dos chirlos y listo, el tipo era un paranoico, a lo sumo un salame. justamente es lo que trato de decirte, el tipo eras vos, solo que no te acordás por la hipnosis, ves qué realmente es un buen psicólogo. dejame de joder, mirá dame esa cosa o borrá la conversación, sos un pelotudo, me hacés perder el tiempo, qué hora es. las dos de la tarde, mirá, ya va a empezar el programa, mirá.

DIA DE LLUVIA

hay unas tiras sin zapatos
zapatos pero no tus pies
las medias deshechas
el pantalón empantanado
tu remera derretida.

tu cuerpo viene de la creación
el olor a lluvia rodea tu cuello
aquí también bajo tu brazo
y aquí en el vértice de tus tetas
pero aquí tenés olor a océano.

moriré de esta suerte de amores.

LA NOCHE ASALTA

la noche asalta
salgo
cuesta abajo

el líquido del sur
en mis pisadas
va mareado a vos

entraré
desnudo
en lo que seré

julio 08, 2009

CECIL PASTERNAK, PRÓLOGO A LOS PASAPORTES DE UN FANTASMA

no sé cuántas cartas de suicidio tiene que escribir uno antes de matarse de una buena vez. yo llevo cargadas veinticinco a mi cuenta y dos que ayudé a redactar a un primo que jamás cumplió y a un ex compañero de la escuela secundaria que jamás llegó a firmarla. tampoco sé porqué uno tiene que escribirlas pero lo hace y listo. sí, veinticinco, una por año, puedo agregar una más todavía, para no escapar demasiado de las fechas límites convencionales. a los veintisiete ya estás algo viejo y hasta te has acostumbrado al sufrimiento. si te matas no dicen pobre muchacho, imagínate qué podría haber hecho en el futuro, pues suponen que el futuro era esa edad y no había que seguir esperando, si no lo hiciste hasta ese momento ya estas listo, eres un perdedor. si te matas dirán ¿sabías que se mató? y responderían, tomando café en la oficina, mira tú, lo bien que hizo, era un charlatán y un inútil.
un requisito, desde luego, es el sufrimiento insoportable, otro la juventud, otro el talento, en el curioso caso de que desees suicidarte para la posteridad, para quemarles las pupilas con tu muerte y pagar la deuda de desprecio que tienes con el mundo. ayer revisaba las veinticinco cartas, perfectamente impregnadas de historias reveladoras, de heridas incurables, de pedidos de auxilio, amargas despedidas y luego miraba las manos y no, ni ellas ni yo habíamos hecho nada para quitarnos de esta mierda de planeta y aquí seguimos, escribiendo, ¿otra carta de suicidio?
por otra parte, me dio por pensar en los destinatarios, tan borrosos como yo, el verdadero centro de mi desesperación y al mismo tiempo el paredón adonde fue a dar tanto la noche de mi espíritu. por algunos de ellos, sin embargo, ya no merecía morir, aprendes esas cosas si dejas pasar el tiempo. otros ya ni sabía quiénes eran, pensar que les iba a confiar algo tan importante me dio risa, cómo es la memoria. un ejemplo de esto que digo es el de un tal albert zermatt. según se deja ver, se trataba de un editor o un publicista en la costa este, recomendado por mi buen amigo herbie mc intosh.
le contaba detalles de mi vida personal en un estilo neutro y riguroso, con gran deferencia le relataba mis infortunios amorosos, la ruptura de los vínculos familiares, las muertes que me habían rodeado y un sinfín de accidentes que habían conformado esa masa inestable al borde de estallar que era yo. por supuesto cumplía con adjuntarle mi obra inédita con el permiso de publicar, si así lo creía conveniente, la carta que le enviaba. pero supongo que concluir con frases del tipo "sin otro particular, lo saludo con mis más sinceros respetos" no ayuda demasiado. una vez redactada, debes matarte. lo digo como un consejo saludable, ahora que seguramente yo mismo estoy muerto. si estás leyendo esto, siempre decimos lo mismo, pero bueno, si lo estás leyendo es porque de hecho estoy muerto. si no, si todavía respiro y me cruzas por la calle, te doy permiso para que me vueles la tapa de los sesos de un escopetazo, a la larga el espectáculo no sería desdeñable, aunque también podrías atropellarme con tu auto, o con lo que tuvieras a mano, una roca sería útil o empujarme a un río, no sé nadar.
sobre cómo ponerle fin a mi vida también ensayé variantes. en las primeras cartas era evidente la influencia del temperamento adolescente. si no me ahorcaba, me lanzaba debajo de un tren o me hundía un puñal en el corazón. la adolescencia se notaba en que usaba palabras como puñal o corazón, desde luego. en una me llamó la atención un despliegue de lo que puedo llamar un exceso de imaginación mórbida. tras anunciarle que me ahorcaría a mi madre, en ese entonces destinataria de mis planes, pasaba a relatar cómo haría ella para darse cuenta.
tres días después de mi muerte, llegaría un pájaro con unas pelotas jugosas colgadas de sus garras, se posaría en la ventana y no se iría en horas, mi madre sacudiría la escoba y los trastos de cocina para ahuyentarlo, cuando por fin lograse su cometido, se daría cuenta de lo que eran esas pelotitas: mis ojos. mis ojos que la estarían mirando fijamente desde el más allá. en ese tiempo creía en el más allá. de inmediato acudirían mis hermanos y uno sostendría a mi madre desmayada, le echaría aire con un individual y el otro no sabría si llamar a la policía o a una ambulancia y al marcar atendería la oficina de los bomberos. por los aullidos, los vecinos se enterarían de la tragedia y lo comentarían en la tienda del viejo reilly, ese viejo chismoso y malintencionado. dirían que fue una brujería de los negros del otro lado de la ciudad y otros sostendrían que esos ojos eran una broma pesada de los italianos de la otra cuadra, que siempre andaban molestando a las viejas.
de inmediato se pondrían a buscar mi cadáver. mi madre sería la única en decir que yo estaba muerto. no demorarían en dar con el cuerpo, bajo un muelle, junto al basural. de algún modo las ratas se las habrían ingeniado para cortar el cable de la plancha y lonjearme crudo. las gaviotas y las anguilas harían el resto. uno de mis hermanos me reconocería por el cable, mientras estiraba el ruedo de su camisita algo avergonzado. un policía diría
por lo menos no se lo llevó la marea. no tardarían en enterrarme y olvidarme.
en el fondo le temo más al olvido que a la muerte. si alguien que no veo por mucho tiempo no me reconoce, siento que nunca existí. otro tanto sucede cuando me cruzo con ex novias, sobre todo si entre nosotros hubo algo que pensábamos que no sería tan fácil de olvidar. basta decir hola y detenerse en la sensación de que a partir de esa palabra todo está de más para entender que un muerto es siempre un muerto para alguien.
no queda demasiado que añadir aquí, otras muertes jugaban con revólveres y balas de verdad. mi padre tenía uno bajo el mostrador en la tienda, siempre a mano. lo habían asaltado muchas veces antes de que por fin se decidiera a usarla. cuando le dieron la oportunidad, le voló una oreja al ladrón, mató a una mujer negra y recibió un tiro en la garganta. los dos diarios que se encargaron del tema dijeron que mi padre había confundido a la mujer negra con un cómplice del ladrón. no debieron decir eso porque mi padre no se equivocaba de esa manera y porque después de todo ambos habían muerto injustamente.
aunque yo tenía la sensación de que eso había sido lo mejor. en secreto pensaba que a mi padre no le gustaba vivir, no estaba a gusto con su suerte. trabajaba dieciséis horas diarias en la tienda, no podía pagar un dependiente. se levantaba a las cinco y se iba sin hacer ruido, a oscuras, como si esa no fuera también su casa. lo veíamos muy poco, cuando enfermaba o decidía ponerle fin a su día un par de horas antes de las diez.
cuando murió, mis tres hermanos pequeños casi no lo conocían. lloraron durante el funeral y en el entierro pero la sensación era que lloraban porque mi madre los había obligado a ir y a hacer algo contra su voluntad y no debido al dolor de un niño huérfano. nunca les pregunté, no quería saber de cuánta soledad estábamos hablando cuando nos referíamos a mi padre como un hombre que había vivido para nosotros. entonces yo tenía doce años y recordaba haber conocido a un tipo distinto a quien sí podía llamar mi padre.
cuando dejábamos el cementerio solté la mano de mi madre y volví corriendo hasta la fosa, pateé unas piedras y retumbaron tan fuerte que pensé que había roto el ataúd. prometí no ser igual a él. por un tiempo eso me sirvió de motor para vivir hasta que un día eso también se esfumó y sencillamente dejó de importarme. ahora, viendo como han ido las cosas desde entonces, también debo anotarme entre los fracasados, la diferencia es que este fracaso es de mi exclusiva pertenencia, digamos que así corto la maldición hereditaria.
creo que mi padre no era tan mal tirador, de tan cerca jamás hubiera errado. mi teoría es que le voló la oreja al ladrón para obligarlo a responder y que después de todo sí mató a la mujer negra, porque no quería testigos de su cobardía. tarde o temprano hubiera usado la pistola contra sí mismo, lo sabía cuando escuchaba sus pies raspar el piso, ágiles por la madrugada y como si les costase despegar por las noches. en ocasiones, antes de marcharse, me daba un beso, yo fingía estar dormido, me daba la vuelta y lloraba porque no quería que se fuera pero éramos malditamente pobres, cómo iba yo a entender que a eso él le llamara su vida.
con el correr de las cartas cambié de atrocidad. ahora mi cuerpo debía estallar por dentro, por fuera debía dar la impresión de estar dormido, a lo sumo de ser un muñeco de cera. en todo caso ya no deseaba ser visto como soy debajo de mi piel, eso iba a ser un secreto entre la tierra y yo. así comencé a pensar en combinaciones de sedantes y veneno para ratas o bien fuertes dosis de seconal, que por otro lado usaba con frecuencia desde los veinte. la idea del veneno se me vino conversando con herbie. herbie era uno de esos tipos con los que uno jamás llega a ponerse de acuerdo y sin embargo no le provoca a uno ganas de molerlo a golpes, al contrario, quieres seguir y seguir hablando. menos esa tarde.
estábamos en un bar, muy borrachos, cuando pedí otra cerveza. herbie dijo que ya era suficiente, no tenía un dólar más, menos para una rata como yo. en la borrachera me sonó sincero y le di un puñetazo en la nariz que lo dejó tumbado un buen rato. unas prostitutas que lo conocían se las agarraron conmigo y también el dueño del bar. no me ofendí por estas muestras de solidaridad. casi siempre pagaba herbie, pero porque a mí los trabajos me duraban dos o tres semanas y la mayor parte del tiempo no hacía nada.
al día siguiente me lo encontré en otro bar y le pedí disculpas por el altercado y le pregunté si de verdad creía que yo fuera una rata. me dijo que sí con su gran sonrisa. era un buen tipo y jamás mentía, salvo a la policía, a los turistas y a un par de mujeres con las que no quería saber nada, pero ellas estaban enamoradas y no atendían razones. mira, me dijo, te lo diré porque eres mi amigo y te aprecio, no puedes vivir así. él se refería a otra cosa, a que no podía esperar dinero de los demás todo el tiempo, de todos modos me quedé con el sentido literal de no puedes vivir así. tenía razón, no podía vivir. hasta ese momento había sido una rata y era tiempo de envenenarla para librarme de una vez por todas de mi apestosa condición.
una vez leí un libro llamado vidas imaginarias, de marcel schowbb. me preguntaba en qué medida todas las vidas eran imaginarias y si a ellas les corresponden muertes imaginarias, si mis veinticinco cartas darían cuenta de tantas muertes, si en algún momento la sumatoria imaginaria daría por fin una muerte real, si tanto pensar en morir y no sería que ya estaba muerto desde mucho antes.
la verdad, la pura verdad, es que no me había matado porque hasta ahora no había encontrado el estilo más apropiado para mi muerte. una carta de esta índole tendría que significar la continuación entre la vida y la nada, no podría haber fisuras, en esas palabras debería latir eso que no puede más en contorsión con eso que promete ser. de hecho y no me importa cómo suene esto, escribir estas cartas de suicidio fueron para mí una cuestión de vida o muerte.


C. P.
new york, 1961

páginas 7 a 11, editorial verticales de bolsillo, 2009

julio 01, 2009

junio 26, 2009

SUEÑOS CON MAIKOL

i soñao con el maikol yason. dicen que era blanco el maikol yason. tenía lo diente brilloso y bien apretao. me había atao a la cama y me chorreaba la baba en el pupo el culiao. eh, maikol, qué me va a hacé, maikol, qué me va a hacé, le decía. y dice que el maikol se reía fuerte y cantaba ui ar de uorl ui ar de children. te vuá se aca cuando te agarre maikol, soltáme te digo. entonce el maikol se ponía serio y se hurgueteaba el coso como si tuviera pulga y dice que le gritaba al estivi uonder que se acerque pa ve qué mierda tenía y el uonder, que era ciego pero no tonto, se acercaba y le decía, pero maikol, no sea tan culiao, son la pulga de lo mono, ya te i dicho que no andé haciendo suciedade con lo mono, ve, ahí tené la consecuencia de tu arrechura. el uonder era educadito y eso que era negro y dice que le dijo sarna con gusto no pica y el maikol, que hablaba en su idioma, pero en el sueño yo i entendío todo, el maikol le decía al negrito, mirá estivi, rajá de acá y traeme a lo culo con aca. lo qué, preguntaba el estivi. a lo culo con aca. ah, decía el estivi, que a zonzo no le ganaba nadie y desaparecía por la puerta. el maikol volvía a mirame, a respirame en la narí, igualito al alien, te acordá el alien, pero en ve de un aliencito le salía un pingo de adentro de la boca y el maikol me decía que yo era su pobre angelito y yo que no, que se había confundío fiero, soltáme maikol, soltáme, y el maikol se daba la vuelta porque el estivi había entrao con lo yason fái de la mano. qué nos va a hacé don maikol, tío estivi, preguntaba el maikolcito yason con su cara de negrito asustao y su naricita de asiento de bici. el maikol le saltaba encima y lo apuñalaba, a ve, negrito, ahora te quiero vé cantá, a ve, cantáte un tanguito negrito, y dice que el maikolcito yason, pobre, gritaba bien fuerte que él no sabía ningún tango, no sé ninguno don maikol, no don maikol, no, no, por favor, no y el maikol más ensañao y el estivi manoteaba el aire, pará maikol culiao, pará, soltálo maikol, el de los tangos era el negro leiva, le decía, y el maikol nada y los yason fái lloraban a los gritos pa que viniera el brá pí a rescatalo y adoptálos y dice que el maikol lo dejaba muertito al maikolcito yason cuando el estivi le ponía la mano en la espalda y le decía, ya tá chango, ya tá, y el maikol le gritaba soltáme, negro i mierda, que no vé que no sabe ningún tango, yo le vuá enseñá y a ustede también y el estivi le decía que no, que no veía pue, si era ciego y que no le hiciera la burla porque le iba a cortá lo buevo. qué va cortá vo le decía el maikol tinquiandolé la oreja. salí culiao, decía el estivi. a vé, chicato, cortáme lo buevo, a vé y el estivi comenzaba a tirá piña al aire y ninguna le calzaba al maikol porque dice que el maikol había sabío sé un hijo de puta pa la piña y a lo saltito se lo iba volteando al pobre estivi y lo yason fái le amagaban con ísele al humo y no se animaban, entonces el maikol se reía más fuerte y más fuerte y sacaba un rifle y lo mataba a todo, meno a mí, que seguía vivo y atao en la cama. ahora sí, decía el maikol, con lo ojo blanco y bañao en sangre, mostráme que tené ahí pobre angelito. que no soy ese maikol, creeme hermano, tás confundío. cerrá la jeta y mostráme. tás machao maikol, soltáme. calláte te digo y el maikol me clavaba el rifle en la garganta y yo escuchaba un tiro y pensaba uy, no, me ha volao el cránio el culiao este y entonces se me ponía toda la vista roja como una cortina bien gruesa y al ratito, che, al ratito abría lo ojo y el maikol taba duro y se caía antarca y atrá aparecía el yor bú con una magnum de oro y un puro en la boca, vestío de coboy. quedáte tranquilo, ñaño, me decía. el yor bú hablaba igualito a vo y yo le decía eh, amigo, soltáme pue, mirá lo que me ha hecho el culiao del maikol yason. sí, pero ya tá, te i venío a salvá, entendé, y me desataba y ya estábamo saliendo y me decía de ande so vo, chango, de ahícito nomá le decía, por qué, porque vamo a tené que tomá un helicótero, vo sabé viajá en helicótero, chango, me preguntaba el yor bú, no, nunca i viajao en eso, le decía, vo no te hagá drama chango, decía el yor bú, vo sabé quién soy yo, no, le decía pero cómo no vuá sabé si lo i visto en la tele un montón de vece, yo soy el yor bú, chango, entendé, el yor bú y te i venío a salvá, entendé, gracia don yor bú, le decía, no, qué gracia, escucháme chango, yo te i salvao y ahora vo me debé la vida, entendé, sí entiendo, le decía y le sentía el tufo a vino, había sabío sé un pichero el yor bú este. mirá chango, ahora me tené que hacé un favor, entendé, bueno, decía yo, cuál, mirá chango, ando necesitando un mozo pa un hotel que tengo en una isla. sí, de una don yor. cómo yor, míster bú. claro señor don míster yor bú, acepto el trabajo. no, no, qué trabajo, gratis chango, entendé, vo me está pagando la deuda, entendé. sí don yor bú, don míster yor bú, entiendo, y queda lejo la isla don mister. ahicito nomá, conocé guantánamo. no don míster, así se llama la isla. no, así se llama el hotel. y qué tengo que hacé. vo no tené que hacé nada entendé. y cómo le vuá devolvé el favor. quedáte piola chango, vo va a hacé lo que yo te mande, entendé, y yo mando que no hagá nada, entendé. no don míster yor pero sí entiendo, en eso me muestra con el dedo una islita y un hotelazo de acer. ya llegamo, hay que tiráse en paracaída, y yo me cagaba de la risa porque nunca me había tirao en paracaída de ningún lao, che, vo viera la cosquilla que me hacía en la panza, y el yor bú iba duro, como un robó, duro y fumando el cigarro y dele pegá tiro pa todo laos, dele gritá dejen de tirá hijos de puta, soy yo, el yor bú, y cuando caíamos al patio de piedra vimo que el paracaída estaba lleno de agujerito y todo era de piedra y de acero, hasta la planta y el agua y tenían unos cartelito amarillo con un rayo negro atravesao por toda parte y dice que el yor bú me decía que no tocara nada porque me iba a da una patada y me presentaba en la rececsión y decía este el nuevo chango pa la cámara de los placere y yo le preguntaba qué era eso de la cámara y de los placere y él me decía que era un programa de televisión y yo le decía si tenía que servi la comida a los actore y si había famosos y el yor bú me ponía la mano en el hombro y me decía yo te i rescatao pa convertíte en estrella, chango, entendé, y yo le decía gracia don yor bú, gracia, y él me decía mirá chango, vo no tengá miedo, te vamo a poné con estrella de nivel pa que no haya ningún drama, entendé, y dice que yo le i preguntao quiénes eran y el yor bú culiao me decía la anyelina yoli y la britni espir y yo me reía y le decía que no sea tan mentiroso y el yor bú me daba un chirlo en la nuca y me decía que no sea tan opa, que ya vuá vé y cuando llegábamo a la cámara de los placere sólo había un armazón de acero, un montón de cable de cuero, herramienta y una cámara pa filmá, pasá y ponéte cómodo decía el yor bú y se iba, al ratito entraban la anyelina y la britni con ropa de cuero y comenzaba a soná una música eléctrica y me bailaban entre las piernas y me ataban al armazón y dice que después empezaban a besáse y a tocáse y la britni le chupaba una teta y la anyelina la cacheteaba y la britni le tironeaba la mecha y la anyelina la agarraba del cogote y le mordía el labio de abajo y le hundía la mano en la bombacha y la britni hacía lo mismo hasta que se la sacaban y las dos tenían aros en la concha y se los tironeaban con los diente y no paraban de gritáse te gusta putita, te gusta putita, y la britni ya estaba por acabá y la anyelina le metía un seco que la tirao a la otra punta y le decía quién te ha dao permiso de acabá, y la britni comenzaba a llorá y decía que nadie y decía que a ella no había que pegále en la cara y la anyelina se enojaba fiero y le partía el lomo de un latigazo y yo le decía que no le pegue si no le había hecho nada y la anyelina me tapaba la boca con un coso como bola de púl y me comenzaba a latigueá la hija de puta y yo le gritaba que no se la agarre conmigo pue pero ya no me salía la voz ni por las narices, vieras la desesperación que me ha agarrao y el culiao del yor bú ni se aparecía y la britni se paraba y con una pinza me apretaba los pezones y se mataba de risa, hija de puta, encima que la había intentao salvá de la anyelina, a ver putita, le decía a la britni, preguntále si le gusta esto, y me ataban los buevo con un lazo hasta que se ponían morao y me pasaban unos clavo por los pieses y se besaban y latigueandomé y después me ponían un fierro caliente en la cabeza del pingo y me echaban ajíses putaparió y la obligaban a la britni a chupámelo un rato largo, hacélo acabá putita, decía la anyelina, te arde, te arde, eh, está picante, preguntaba y no sé a quién le preguntaba y después la obligaba a metése mi pingo con ají en su conchita con aros y estaba ardiendo y cuando lo ha hecho comenzaba a llorá que daba pena y yo con lo buevo hinchao y morao no podía acabá rápido pa dejála ise porque la anyelina hija de puta decía que hasta que no vea la leche no la iba a dejá salí y la britni gritaba que le ardía y la anyelina le daba cachetadas, pobrecita britni castigada por mi culpa, pensaba, en vez de pensá en acabá rápido, y más pensaba y menos ganas de acabá tenía y entonces la anyelina decía que se salga y dice que me comenzaba a hacé la paja hasta el final y la obligaba a la britni a tomáse todo y yo me sentía aliviado porque i pensao que ya era todo y la anyelina me daba un garrotazo, quién te ha dao permiso de bajá el pingo, me gritaba y lo le i querío decí pero culiada, que no ve que apena puedo respirá pero no i podío ni pensá del ardor de la vista y del garrotazo y de todo que ya no sabía dónde me dolía más o si me dolía en un lugar que no era el cuerpo y me sentío defraudao de lo mala que había sabío sé la anyelina, che, y la britni pobrecita, obligada a hacé cosa contra su voluntá, cuando me suelten la vuá rescatá y me la vuá llevá lejos y nos vamo a casá y nadie la va podé obligá a nada porque yo vuá sé su único dueño y lo primero que le vuá ordená es que no le haga caso a nadie, que nadie la va obligá a nada si ella no quiere, los vuá cagá matando a todo apena me suelte, empezando por el culiao del yor bú, y yo dandolé la gracia y tratandoló de míster al hijo de puta y me han seguío haciendo cosas hasta que me i desamyao. me i despertáo en un hospital y la enfermera era la britni, vieras lo linda que le quedaba el uniforme cortito y ajustao y cuando me i querío acercá pa proponemelé llegaba otra enfermera igualita, che, la fotocopia de la britni y cuando me sacaban al pasillo dice que todas las enfermeras eran britnis y me decía el doctor te vamo a llevá a la tele y yo gritaba que no, a la tele no, y el doctor me calmaba dice que era para lo de mirta legrán y yo decía bueno y me llevaban así como estaba y ponían la silla de rueda a la izquierda de la señora porque ella no ve muy bien pa ese lao y mi aspecto le daba impresión y antes tuvieron que lleváse la silla de verdá pa poné la con ruedita y una mujer comenzaba a presentá a los invitao uno por uno: el ecselentísimo presidente de la nación don francisco de narváe y su hermosísima primera dama la juanita viale, el primer argentino en ganá el nobel el cucurto, la actriz que hacía evita como nadie la flor de la v, el hijo no reconocido del borge que venía de mostrá como prueba su pene infantil en lo de chiche gelblun y cuando decía mi nombre y me trataba de luchador me i sentío como un ec combatiente y se me hinchaba el pecho, hermano, porque decía que yo había zafao de las garras de la muerte y a mí me servían guiso de lenteja y al presidente le habían puesto una parrilla al lao pa que se sirva solito y la esposa se levantaba a cada rato al baño después de cada bocao, vieras lo bonita que era de cerca, y siempre volvía con un dedo en un ojo, como si estuviera secando una lágrima, era tan linda y la abuela no decía nada porque no se metía en la vida de nadie, eso decía, y dice que parece que el presidente iba siempre a almorzá por miedo a los atentao, la gente está loca, no le parece señor presidente, decía la chiquita, y el presidente se moría de la risa y prometía medida más firme y anunciaba un prósimo reparto de pastillas de plomo pa curá cualquier locura, decía que unos médico yanqui habían descubierto que el plomo alivia a la gente y el hijo de borge decía que su padre hubiera estao de acuerdo y cuando alguno hablaba él aprovechaba pa decí que su padre hubiera estao de acuerdo y nomás se la pasaba diciendo eso hasta que le han preguntao por su relación, cómo era el primer nobel moral de la patria en la intimidá, y el hijo decía que recién se había enterao a los treinta, cuando había querío tené su primera vé y la chica le había hecho la burla porque tenía pito de borge y él se había puesto a averiguá y había descubierto que era verdá, que tenía pito de borge y que pito que flauta, era hijo de borge y había pedío un adn y la maría kodama lo había salío a negá delante de todo el mundo en la tele y entonces el hijo de borge había tenío que recurrí a la justicia pero los jueces se habían hecho los zonzo y entonces ha contratao a los mismo que habían robao las manos de perón pa que se roben el pito de borge, que estaba guardao en un frasco en ginebra, pa futuro estudio sobre la sexualidá de lo genio, y en eso había invertío todos los ahorro de su vida, si lo hubieras visto llorá, y al final lo ladrone habían conseguío el pito y dice que lo llevaban a un instituto de microbiología en europa y decretaban que los maníses en cuestión estaban emparentados y ahí nomá mostraba foto de los dos, uno más seco y achicharrao y otro como de recién nacío y la mirta se ponía colorada y le pedía que guaradara esas cositas y la flor de la v decía que le traía recuerdos tiernos y le prometía un papel en su revista y después de la pausa le decía al cucurto si quería sé su guionista para la temporada de verano porque sergio bizzio, que había sío el primer argentino en ganá el nobel y rechazálo, ya le había dicho que no y el hijo de borge se metía pa decí que el había salío igualito de escritor que el viejo y el cucurto le preguntaba cuál era su libro favorito y el hijo decía el alquimista y aprovechaba pa pedíle que done parte del nobel a la fundación borge e hijo pa el desarrollo del pene infantil porque así haría justicia y patria y el cucurto se negaba porque ya lo había sorteao con el quini y había resultao ganador césar aira, el primer argentino en ganáse un nobel de literatura de ese modo, además el primer argentino en el mundo en ganá así un nobel, y cuando me preguntaban a mí cómo había sobrevivido decía que me gustaba el guiso de lenteja y si se podía repetí porque justo me habían enganchao dando la última cucharada y la mirta aprovechaba pa succioná el feto del último aborto de la nieta, que eso la mantenía joven, pero hacía tanta fuerza que se terminaba tragando la mandíbula y todos nos quedábamo helaos y la nieta entraba en pánico, como se dice, y la seguridá del presidente de narváe lo rodeaba pensando que era un atentao con arma biológica y el hijo de borge intentaba salvála a la mirta apretandolé la guata y la apretaba tan fuerte que terminaba botando el bofe con los dientes prendido y un pedazo de hígado y cuando llegaron los médico ya era tarde, la mirta había pasao a la historia grande de este país y cucurto sacó un paquete de su sobretodo y se lo regalaba al presidente, es mi último libro, dedicado, y cuando el presidente lo abría reventaba como cuete y el cucurto secuestraba a la juanita viale en su moto y la flor de la v se escondía debajo de la mesa con el hijo de borge y al rato se ponían cochinos y yo me robaba todos los vinos y me los ponía en la falda y dice que le i comenzao a dá a la silla hasta que me i despertao.

junio 25, 2009

SUEÑOS EN AYUNAS

estuve pensando seriamente en tu propuesta. cuál propuesta. la del suicidio. nunca te hice una propuesta así. llamála como quieras, qué era entonces, una predicción, eh, horangel. no, tampoco. arreglemos sugerencia y quedamos hechos. no, ni sugerí ni predije ni propuse, en todo caso el psicólogo. de todos modos no importa, el hecho es que lo estuve pensando. te lo dije justamente para que no lo hicieras. te salió al revés, te das cuenta, ni en las buenas intenciones se puede confiar. no podés suicidarte. te da miedo. sí, que va a pasar con nosotros. nada, nunca pasa nada, vamos a seguir como siempre. nada, nunca, siempre, qué miedo. no es para tanto. sí, vas a estar muerto. igual soy un fantasma, nadie notaría la diferencia. yo sí, no quiero vivir con un muerto. ni que fuera tan grave, pensálo un momento, no produciría gastos y me quedaría quieto en un rincón, si estorbo me movés y listo, un mueble casi, pero ojo, nada de usarme para sofá o mesa ratona o esas cosas raras que a veces pensás. qué cosas raras, los muertos no saben. eso lo decís porque todavía no te moriste, ya vas a ver. qué, querés competir a ver quién se mata primero. no, vos no podés, vos te tenés que quedar a inventarme, entendés, mi vida. de todas maneras te la invento. el asunto es que me pienso suicidar la semana próxima. porqué. porque me pagan el sueldo, además tengo unos trámites pendientes y quiero divertirme un poco, vos sabés cómo es esto. no sé a qué te referís, igual te advierto que si te divertís después va a ser más difícil matarte, haceme caso, moríte ya, tiene que ser más fácil, porqué tantos rodeos. tenés razón, me ayudás. pero así no es, suicidio es cuando te matás solo, sino es asesinato. suicidio asistido, lo vi en la tele, si el tipo no puede matarse solo, alguien lo ayuda, por ejemplo que le salga mal el nudo de la soga y no lo asfixie lo suficiente o que la bala no le reviente ningún órgano vital, ahí entra el buen samaritano para rematarlo, si lo pensás, es un acto solidario. no pienso ser verdugo de nadie. no entendiste, serías algo así como un colaborador, hasta te puedo pagar, podemos hacerlo parecer un accidente, qué sé yo, pasabas y me viste colgado de un árbol, quisiste bajarme pero con tanta mala suerte que te resbalaste y, para no romperte la nariz, te agarraste de mis piernas y ¡paf! chau cogote, entendés, es fácil, la otra es que me disfrace de ladrón y te asalte, vos me matás en defensa propia, si no te defendés te mato y asunto resuelto, total es casi lo mismo, vos, yo. no, te dije que no. vos no te preocupés, ya sé que tenés miedo a la policía y la cárcel, todo eso, quedáte tranquilo, yo me encargo de dejar cartas y de andar hecho un trapo de piso de aquí para allá así nadie sospecha, cuando uno se suicida es mejor que piensen que uno tenía buenos motivos, eso tranquiliza al resto. cuáles son los tuyos. saber, es como esos capítulos de las series donde un espíritu visita al protagonista y le muestra cómo hubiera sido el mundo si él no hubiera existido. ah, entiendo, mirá, no te quiero cortar las piernas pero quedáte tranquilo que así como lo ves, así es el mundo y vos la verdad no existís. qué bonito, qué amigo más bueno resultaste, esto es como si me hubieras apuñalado. ahí tenés, ya hice mi parte, ahora dejate de boludeces, decime, hablaste con tu viejo. sí, estaba dormido. esperáme que anote. pará, pará, qué vas a hacer. es que me estoy quedando sin material, justo ahora que habíamos avanzado tanto, pero no te quedés ahí, seguí, dale. digo que yo estaba dormido cuando hablamos, no me acuerdo sobre qué, pero algo hablamos, él también estaba dormido, creo que en realidad él me estaba soñando a mí, porque yo siempre me acuerdo de mis sueños, hasta cuando estoy despierto. y ahora no te acordás ni un poquito. es que estoy medio dormido, vos sabés, en duermevela. claro, ni una cosa ni la otra. exacto, el ni que va de la cosa a la otra, querés que te cuente qué soñé. esperá, ya desayunaste. no, todavía no, por qué. no sé, no se cuentan los sueños en ayunas. por qué. no sé, me lo dijeron y ahora creo que es cierto, cuando me dicen cosas así, al pasar, tiendo a creerlas como si hubiesen sido mis supersticiones de toda la vida, en cambio si me advierten algo con aspamentos a los dos segundos se me olvida, no sé porqué, es como cuando te contagian el hit del momento, algunos lo hacen a propósito. qué. cantar una canción horrible para que se te pegue, así ellos pueden librarse de esa monstruosidad. no hagás caso, yo creo en todo, en cada cosa mirá, creo en fantasmas, calculo que por eso te lo dijeron, que si contás en ayunas no podés salir del sueño, entendés, te quedás hecho un eso. no, esperá, no comencés a contarme nada, a ver si pasa algo, se nos cae el techo o el piso se hunde o las dos cosas o algo peor, encontramos trabajo o gana el PRO, mejor tomá, comé este chicle. un chicle, eso me vas a convidar. qué querés, no hay más, o mejor esperamos quince días, cobramos, vamos a una confitería, pedimos un capuchino y un tostado de jamón y queso y vos no sé. un chocolate caliente con una porción de torta, selva negra si es que hay. eh, qué angurriento, pero vos pagás lo tuyo. hecho. bien, entonces recién me contás tu sueño. qué mala onda tenés hoy, además se me van a pegar las tripas, lo leí en una cadena de mails, yo tampoco creía hasta que vi fotos, te lo envié para que aprendas algo, se lo envié a diez amigos en los siguientes diez minutos. no creí que tuvieras tantos amigos. bueno, en internet es fácil, todos somos amigos. y qué decía la cadena. decía que a menos que quieras tener las tripas pegadas igual que lupita jones reenviaras el mail a diez amigos, de paso ibas a tener buena suerte. ah, menos mal. sí, había un testimonio de una sudafricana que al principio tampoco creía, como vos, hasta que reenvió la cadena, pasaron diez minutos, sonó el teléfono y una voz le anunció que pasara a cobrar 150 000. 150 000 qué. no sé, pesos sudafricanos, dólares, dólares. mirá vos qué bien. sí, eran del seguro, su esposo acababa de morir aplastado por una columna en el estadio de fútbol donde trabajaba de obrero, para el mundial. qué suerte para desgracia, diría pepe biondi, por lo menos le pagaron rápido, mientras el negro seguía caliente. cómo sabés que era negro. no sé, no son negros todos los africanos y flacos y pobres y sidosos. no sé, creo que solo en la parte pobre pobre pobre. y sudáfrica qué parte es. la parte pobre supongo, también hay blancos, rubios y rugbiers. quién lo hubiera creído, esto no pasaba antes. antes cuándo. no sé, antes, cuando no pasaba, ahora es una cosa mirá, hasta los rubios quieren ser negros. calláte un poco hacéme el favor, mirá que la gente después piensa que es uno el que dice esas cagadas. bueno, y qué pasó con la mujer. estaba chocha, qué más querés, por fin el marido hacía algo bien, hay que verle el lado positivo a las cosas. justo vos me lo venís a decir, caradura, y reenviar la cadena te trajo suerte. sí, salí a la calle y me encontré un vale de % 50 de descuento para ir a ver la obra de fernando peña. ya se murió imbécil. ves, qué buena suerte, me ahorré el otro 50. además qué tiene que ver con el chicle. las tripas, hermano, se te pegan. son cuentos de viejas, ahora que si se te pegan las tripas te pueden servir para suicidarte. no, no quiero, es que les ponen algo a los chicles de ahora, esas cosas trans. transexuales, chicles transexuales querés decir. no, pelotudo, trans y cero colesterol, eso. pero eso era antes, ahora los chicles son de lo más saludables, ni azúcar tienen, les dicen chicle más por no faltarle el respeto a la tradición, así que comételo y contáme el sueño. no, sin azúcar no, pasáme por lo menos una cucharada. te puede dar diabetes. no sería tan malo, los enfermos tiene más vida social que yo. uh, tenés razón, pegáte un tiro.

PREGUNTAS

a veces se nos acerca uno y nos pregunta cómo nos vemos en el futuro, no sé, diez años. uno mismo lo hace, al revés, cuando le pregunta a los más grandes por su pasado. imagino que algún momento llegará esa edad hasta mí. si me preguntan será un poco pedir cuentas. qué contaré. la vida ahora, tal como alcancé a verla. tendrá un poco de rendición el cuento. una vez vivida deja de existir, transcurre por meandros ignorados, algo la endurece un poco, no demasiado, sólida como el mar la vida se convierte en invención. no podemos desmentir el hecho de que alguien cuenta el relato, alguien distinto cada vez, un relato diferente. hemos usado nuestro tiempo, el único que teníamos, el presente, para vivir, ha sido nuestra dedicación exclusiva. no sabíamos que había después, no sabíamos qué había después. llegará el momento, a partir de ahí todas serán preguntas. creíamos haberlas respondido ahora.

junio 23, 2009

CIGARRILLOS

Una línea parte de mi mano y continúa por el borde de la mesa, gana una baldosa para dispararse por el cordón de la vereda y confundirse con las protuberancias del suelo, parece perderse cuando trepa a un árbol y un pájaro la estira por el aire un rato, finalmente la deja en un cable y veinte pasos más allá recupera el suelo escabroso del canal donde decide huir ligera como una rata. Cuando llego a la parada, ahí está, esperando cerca de mis pies, acá es, parece decirme, como única señal observo un cigarrillo abandonado a la mitad con el que se entretiene mi mano. La línea vuelve y se cierra el círculo, de alguna manera llamaremos a este nudo. Entonces sí, miro lo que se me ofrece a la mano, una invitación a conocer la espera de los otros, pero estamos adelantando la traducción.

Esto que hemos arrojado (o se nos había escapado de los dedos) a lo mejor cumplía las funciones de anzuelo. Con poca dificultad, acá no hay una historia, a no ser que esta sea, como se verá luego, la del conocimiento al que hemos aludido. Dada la trivialidad del asunto, esperar la llegada del colectivo, este discurso podrá parecer exagerado, pretencioso, a lo sumo inadecuado, y desde ya, aparte de descriptivo argumentativo, gratuito.

Basta reparar en la mancha de aceite en el borde de la ruta para cuantificar el tráfico. Sin duda, porque la evidencia de los sentidos así lo admiten, los colectivos pasan a razón de uno cada cinco minutos, si bien aquél esperado por mí lo hace cuando ya perdí las esperanzas. Tanta es la frecuencia que a nadie sorprende que tres 720, dos 365 y un 204 sugieran a los viajeros el aspecto de un tren. Desaparecen tal como llegaron, algunos han bajado y cruzan la ruta o se pierden en la callecita lateral, oscura, ¿adónde llevará?, otros suben a cualquiera, tienen cara de que de todos modos llegarán a destino. La frenada, de paso, me arroja una oleada del calorcito de adentro. Los pasajeros aparecen perfectamente delineados en su cotidianeidad de colores blanquecinos, llevados bajo las pálidas luces como si, por alguna magia jamás escrutada por nadie, la nave, sí, he dicho la nave, se moviera por sí sola. Llevados, simplemente.

Por lo general, una vez producido el intercambio (casi digo de rehenes) y la gente se dispersa, me quedo otra vez a solas con mi espera, los dedos inquietos en el bolsillo, haciendo el recuento moroso de las monedas, estirando como puedo la maraña de los días. Pero hoy el nudo me ha dejado aquí parado sobre una alfombra naranja de puchos, es cierto que algunos son blancos y hay uno que otro Virginia Slim (nunca entenderé esos cigarrillos y a quienes los fuman), pero esto muestra a las claras que nadie se ocupa de barrer esta parte de la calle, que la gente, muchísima gente, ha esperado alguna vez el bondi en lo que dura un cigarrillo.

Todo eso que pertenece más a las cenizas y a la basura, no dice nada pero se muestra como signo. Allí, acumulada, señalada a fuego sobre la vereda, en los pastos, atascando la boca de tormenta y cubriendo unos buenos metros de la mancha de aceite, allí reside la espera. Y yo, ¿qué hago ahí parado si no esperar? Y qué espero, ¿eso que otros esperaron también, por motivos más o menos emparentados? Entonces se me ocurre una idea. Entre tantos desperdicios algunos han quedado a la mitad. La idea es: si los fumo, ¿podré conocer cuál es el sabor de la espera para otro?, ¿mi espera completará aquella que, presumiblemente, no llegó a cubrir la unidad de medida?

Miro primero aquellos más o menos enteros y los voy descartando según atestigüen o no pisadas o manchas de aceite, luego enciendo solo aquellos que además no muestren agujeritos, me hago de unos cuantos así. Los voy alzando, miro, no hay nadie en las calles, casi nunca hay nadie, pero miro antes de inclinarme, pudor ancestral, y los levanto. Aprieto uno con los labios y hago una cueva con la mano izquierda, la derecha trae la maravilla del fuego y ya no estamos a oscuras. La primera seca es un poco amarga y me raspa la garganta, luego siento mi cuerpo llenarse, la nicotina bombear el cerebro y exhalo una columna de humo que se confunde con el vapor de mi respiración que se confunde con la niebla que, avanzando desde el río, se confunde con él.

No logro discernir si hay algún conocimiento aquí, no al menos una continuidad, nada sé de quien dio fuego a esto que entre mis dedos se dispone a extinguirse. Sin embargo pienso y con el pensamiento me alejo de este sitio y a lo mejor así se cumplirá mi espera, en otro lado. Pienso en mis amigos fumadores compulsivos y trato de imaginarlos sin un cigarrillo en la boca o sin fuego y francamente resulta imposible, como resulta imposible imaginar qué sentirán cuando encienden uno, si de hecho se dan cuenta o es un gesto automático.

De ahí me voy a una película de Won Kar Wai, Con ánimo de amar, donde algunas escenas de los personajes mientras fuman nos consuelan de toda la pésima prosa de este mundo. Me hago un repaso mental de las volutas al trasluz de las lámparas de oficina, me acuerdo de mi propia lámpara en mi casa, otras películas, ya más bien sin poesía, muestrario de que el mundo era otro y los tipos y las mujeres se la pasaban fumando a toda hora, en cualquier lugar. De nuevo vuelvo a mis amigos y pienso que a veces compraba cigarrillos para convidarles porque me gustaba verlos fumar y ellos temerosos de si me molestaba el humo pero mi cara era de quien va descubriendo los secretos de algún oficio extraño. Fumar puede ser un acto de belleza, el humo tiene la forma de los fantasmas que llevamos dentro.

En cierto sentido, esta acción de levantar cigarrillos del suelo informan, a saber, que he adquirido el vicio (¿?) de fumar, que no tengo aprensión a la basura que se lleva a la boca, que no tengo para comprar ni unos cuantos sueltos. De paso me da una idea: fumar del suelo me dará la oportunidad de ahorrarme esas monedas. Ahora que siguiendo ese anzuelo bien podría hurgar en las bolsas de los restaurantes, bañarme en las fuentes de las plazas, dormir en el subte y pedir monedas en Florida o en alguna estación de trenes. Suena como una carrera prometedora, porque hasta que no pasa, todo se resuelve en ser promesa, ¿no?

De ahí la cuestión se hace un poco sociológica, el muestreo de marcas da como resultado 80 por ciento de next y viceroy, 17 de marcas sin registrar y el resto distribuida entre las más reconocidas. En Capital no pasa, diría mi amigo, que se encuentra Marlboros o Camel o hasta algún que otro de nombre vagamente europeo caminando por Palermo Hollywood. Pero estamos en provincia y aquí ni siquiera barren la calle, los barrios tienen el aspecto del Camino a la Isla, en Salta, si queremos hacernos una idea, salvo por la ausencia de telos. A todo esto me había fumado un par y la espera seguí incólume.

Decía Barthes que uno sabe si está enamorado porque espera. Dadas las circunstancias no diría que enamorado pero siempre me hizo gracia esa frase, sobre todo porque quizá únicamente la podría haber dicho él o porque yo esperaba demasiado a las chicas. Pienso si esta espera será después de todo, a la luz de Barthes, tan trivial o formará parte de otra de mayores proporciones, ahora sí enredada con el amor o alguna otra gran palabra. Por ejemplo, si uno espera que lo que ama vuelva a ser y mientras tanto se entretiene, ocupa su tiempo en esperas menores, casi exentas de memoria y cuento. Porque en realidad, mientras espero, pienso porqué estoy ahí metido en esa burbuja, en ese círculo perfectamente anudado que me impide mover el cuerpo, qué es mi vida en esa duración pausada, porqué los cigarrillos, porqué los amigos, porqué el amor, porqué el porqué.

Y simplemente hay la necesidad de traducir en palabras siendo aquí la traducción un acto de traer, trasladar, ya se sabe, de hacer cruzar los objetos al ámbito de mi lengua. ¿Será esa sensación en la panza cuando esperamos ver aparecer en cualquier momento por la puerta a nuestra amante lo que buscamos? No puedo saber si esto esperaban los otros, de cuyas bocas he fumado, si me permiten la imagen. Sin embargo no podría haberlo pensado si antes ellos no hubieran acumulado esa duración suspendida, precisamente, a la espera de que alguien la mencionara. Cuando por fin llega el 60, estiro el brazo, la línea se corta y da un chicotazo contra el asfalto que ahí se va perdiendo, el gusto de la nicotina en mi saliva me dice, para mayor claridad, que todavía no sé nada.

junio 18, 2009

NATURALEZA MUERTA

- General, mi General, no se apresure demasiado. Ha dicho Monseñor que no tarda en llegar. Pierda cuidado, mi General, ha tenido la precaución de preparar un sermón alusivo a la inmortalidad. Tome, mi General, es vino tinto, para infundirle coraje, un traguito. Ya lo sé mi General, nadie lo necesita menos que usted. Aguarde un segundo, llaman a la puerta… es el pintor y trae un mensaje de Monseñor, dice que ya podemos ir empezando sin Su Santísima presencia. Anuncia que además entrará por la puerta de atrás. ¿Le preparo una diligencia, mi General, o prefiere su caballo?... Sí, por supuesto, pero fíjese que el trecho hasta la Horqueta es medio largo desde aquí, con todo respeto se lo informo, mi General… Bien, entonces mandaré ensillar el pingo. Y usted, venga conmigo, dejemos solos al General y a la dama………………………………….. ¿Qué ha sido esa estampida?

*

Se viste. Le señalan los senderos de la ceremonia. Los aprende con facilidad. Le ayudan a estarse metido en la paz de su cadáver. Lo incorporan al ciclo de la corrupción embarcado en un lujoso ataúd. Aguardan unos segundos el milagro de la resurrección. Nada. Lo encierran definitivamente. Tierra protocolar, coronas floridas y el resto del envoltorio. Es mentira que verá crecer las lilas, sin embargo las lilas crecerán.


*

Y emprendió la fuga a toda prisa, entramado en una danza procaz, violenta, cuyo único fin era huirle a la muerte. Salvo que la muerte ya iba adelante, más bien preparándose a ser alcanzada como una amante extenuada. No me tocará a mí, no esta noche, pensó, pero en el apuro la muerte y él eran uno mismo y Güemes se desgüemesó un día que las efemérides (esa familia celosa de las tradiciones) colocarían en su insigne repisa junto a tantos ilustres trofeos.

Oíme animal, tuya es la mitad, no, todo mi reino, más todavía, tan sólo corré, destrozate las ancas, no te dejes alcanzar, no me dejes.

¿Cómo se llama el miedo de los héroes? ¿Van al cielo mecidos por ángeles arcabuceros?

Endemoniado animal, bicho hijo de una casta de mil putas, corré o morimos todos.

La realidad no funciona así, cuidado, otros engranajes promueven el movimiento de sus mecanismos. Huyendo, el héroe pensaba en su comida favorita, en el ritmo de su barba chicoteada por el viento, en lo bien que le sentaría a la posteridad su sable teñido de rojo, en la punzante herida que lo iba guiando al mismo infierno.

Hasta que llegó a un lugar adonde los curiosos turistas no habían tomado por costumbre merodear y tomar fotos en poses ridículas. (Escupo en ellos, me cago en su dinero. ¿QUIÉN DIJO ESO? ALTO AHÍ).

En tales archipiélagos nocturnos la soledad amansó su carne, rodeado por otra soledad, la de sus camaradas.

Dijo lo que todos esperaban oírle decir, que duda cabe, murió como deben morir los hombres de su calidad. Al enmudecer, obligó al resto a contener la respiración, sí, se infló una burbuja de eternidad y todos sintieron miedo de la oscuridad que allí mismo se precipitaba a nacer.

Entonces comenzaron a pasarse las miradas sin tomarlas a su cargo. La mirada unánime decía: ¿y ahora qué mierda hacemos? Se acercaron, en órbitas expectantes, al cuerpo. Uno miró a los demás pidiendo todavía más silencio y declaró con mayúscula sorpresa: NUESTRO HÉROE AÚN RESPIRA.

Un pedo silencioso, cuando no, cundió entre los contempladores del misterio que yacía, hasta que la incomodidad fue destrozada por el que pintaba la escena. El Señor es bueno y siempre hace milagros, dijo mientras batía sus palmas en oscuro frenesí, a fin de evitar ver si sus manos estaban efectivamente amarillas.

Al instante un mensajero divino descendió sobre cada uno de los presentes y tuvo lugar la siguiente escena: Güemes reabrió sus ojos, aceleró sus signos vitales al tope, logró enderezarse e inició un salto en una sola pata, al compás de luces fluorescentes que irradiaban sus ojos, mientras se tocaba la nariz, de manera alternativa, con el índice derecho y con el izquierdo. Uno de los presentes, ojalá Dios lo haya fulminado, tuvo a bien creer que tal espectáculo era una payasada.

Los demás pobres no salían del asombro, como chanchos bíblicos poseídos chillaban y se revolcaban, con la esperanza metida en los intestinos. Hubo de exorcizarlos, hasta la médula de la diarrea, el propio héroe: inapelable, se desplomó difunto.

Ebrios de dolor, los soldados dispusieron la inmediata realización de los juegos fúnebres. Los solteros versus los casados tendrían el honor de disputarse el tremendo asado previsto para estas ocasiones. Con pompa, el cuerpo exquisito del General fue depositado en una pira ad hoc. Monseñor fue declarado árbitro. Como resulta natural en estas circunstancias, los solteros del regimiento batieron a los casados cinco a uno.

Concluidas las muestras de destrezas criollas, se ordenó a la Historia llorar y comportarse como corresponde y fueron cubiertos de solemnidad. Se dispuso que el pintor pintase la escena. Vamos, pinte, no sea insolente, muévase, dijo un alto jefe del ejército. Asimismo se conminó al cadáver a permanecer quieto y calentito un poco más. No se me ponga plomizo, acabo de lograr el color perfecto para usted, sugirió el pintor.

Luego añadió el alto jefe del ejército: a ver todos si me van poniendo cara de afligidos, no quiero ver ni una puta sonrisa en este cuadro, ¿estamos?, al primero que muestre los dientes le pego un tiro. Y usted, pinte algo de lluvia, no vendría mal, acentúa lo melancólico del asunto… bueno, está bien, usted vea cómo queda mejor, pero ¡ojo!, SO-LEM-NES, ¿oyó?, los más solemnes posibles. A ver notario, le voy a dictar las últimas palabras del héroe nacional, sí, me oyó, nacional… hmmmmm…. Ejemmm… a ver… ya sé: Cuidad de la Patria y forjad un Porvenir embellecido por la libertad para nuestros hijos y los hijos de sus hijos (hip, estertor, estertor más fuerte, CLARINES, BOMBOS, PLATILLOS Y UN TRIANGULITO, tin, tapan los mal disimulados estertores del héroe, hic, shhhhhhhh, no hagan ruido, ya se ha muerto).

*

- Monseñor, sálveme, por última vez. Mire el sable que tengo, es enorme. Se lo obsequio pero sálveme. Noooooooooooo, Monseñor, primero sálveme.

- Hijo mío, no has debido caerte así del caballo. A veces un tropezón provoca revolcones fatídicos.

- Yo, que nunca me tiré un pedo para no ser menos que San Martín, figúrese, o que Belgrano, claro. La historia es una lotería, ¿no cree Santidad?

- Los juegos de azar son un pecado, hijo.

- A unos les toca morir en la cumbre de su reinado, como César, o caer cubiertos por la gloria del combate, como Aníbal. A otros, en cambio, les corresponde la vergüenza de reventar en el retrete, como Carlos Saúl I, o enfundados en ponchos de colores chillones. El mal gusto, Monseñor, el mal gusto ¿Por qué a mí? Venir a morir de un balazo en el culo justo hoy.

- Es gracioso, si se mira con detenimiento, hijo.

- Sólo si le pasa a otro. Ya quisiera verlo en mi lugar, Santidad.

- ¿Pero cómo, hijo, acaso es posible que nunca recibieras las invitaciones?

- Déjese de juegos. Sálveme, Monseñor. Usted habla con Dios… si mañana fuese otro día y al despertar… intacto.

- Quédate tranquilo, buen hijo mío, los libros no miran esos detalles, sólo las grandes hazañas. Los libros nunca mienten. Serás inmaculado.

- ¿Inma qué? Perdón, no le oí bien.

- Estás perdonado hijo.

- Monseñor, ¿oye galopar las bestias?

- Hijo, vienen por ti.

- No los dejes llevarme, Monseñor.

- Pierde cuidado. Cierra los ojos y muerde esto tan fuerte como te sea posible.

- Me sentí aliado de fuerzas inescrutables y me perdí. ¿Qué está por hacer su Excelentísima Santidad? Se trata de un lugar sagrado para mí. Monseñor, sea cuidadoso, se lo ruego.

- Reclina la cabeza, hijo mío, vamos, muerde, así hijito mío- dijo por fin Monseñor, exhibiendo el puño embadurnado en aceite de ungir- comprendo tu dolor, pero no será eterno, te lo prometo, vamos, muerde- entonces le incrustó el puño en el ojo del culo y comenzó a menear el brazo. Luego, con gesto triunfal, retiró su santísima extremidad y le mostró al General la bala que tan heroicamente había tenido la precaución de tragarse.- Acá está, hijo, mira el tamaño que tiene, parece un dije, úsala de colgante, puede traerte mejor fortuna la próxima vez. Ahora ya puedes ir en paz.

Al decir esto, el culo del General estalló como un pozo de petróleo diarreico, empapando de pies a cabeza la sagrada figura del enviado de Dios. Monseñor se limitó a sonreír, como la víctima de una travesura infantil. De inmediato le propinó unas nalgadas amistosas al héroe, que cojeaba bastante. El General montó su caballo y cabalgó raudamente, si bien no iba sentado.


*

Implicados humano y bestia, conjugados, a bordo uno del otro, encabalgados diríase, en repetida sucesión de fotogramas, ambos encima de la tierra y ella a su vez posada en la enormidad de un pájaro, toro, elefante, atlas o quién sabe quién, qué, la nada, algo, pues nadie se cayó.

El pálido galope abre la oscuridad del valle, el héroe arriba en ecuestre forma. Su dedo señala la tierra prometida, el infinito y más allá.

Llega sorteando las inclemencias, las corrosiones, las curvas descendentes e indeseables y toda esa suerte de batería de abominaciones ofrecidas por el olvido, cual si ya fuese de broncíneas dimensiones, gigante, a imagen y semejanza, barbudo y con marcadas señales gauchescas en el acento, los modales y según se desprende de las lentas historias tejidas desde ahora en el futuro (adonde mirás haciendo de mano rígida visera todas las horas de este mundo).

Claro que sí. El tiempo hilandero irá tejiendo con calma, inventando casi, el poncho de la historia. Esto está mejor: constatando la realidad hasta volverla símbolo. El indicativo discurso en la Sociedad o en el Fortín o en el Club 20 o en la Escuela: fabricar ponchos, venderlo a los turistas (¡Qué, vos de nuevo! Ahí va, detenganlón le ha robao la billetera pa comprase droga!!!!!!!).

De hombre a símbolo: sus carnes, mecidas por una discreta putrefacción y por la piedad catedralicia, por fin dejan lugar a huesos inquebrantables que se guardarán en un relicario justo en el corazón de la ciudad. Corazón que, vale mencionar, jamás sufre infartos de miocardio. Allí, pues, osobucos, costillas, cráneo, húmeros, pelvis agujereada donde hubo nalgas, dan cuenta de los interrogantes a que fluye un visitante: ¿le habrán crecido las uñas? ¿los cabellos, cual si fuesen raíces o una enredadera? ¿estará vestido de militar, de héroe o de humano? ¿qué emblemas adornarán su eternidad? ¿sólo Dios sabe?

*

Le susurró con suave aliento insomne, desesperado pero bien bajito, dentro casi de la orejota, para que únicamente ellos dos supieran: enseñáme el camino. Luego, para entrar ruidoso en la historia, le ordenó galopar hacia donde señalaba su dedo. ¿Qué sería de un gran general sin su caballo?

Montado así, en viaje por las orillas de la suerte, recordó en su pluscuamperfecta voz que había amado temido partido: amado su cuerpo en la mujer de otro, temido el descubrimiento de tamaña usurpación con funesto desenlace, partido con solo el cuero puesto y un balazo en el culo.

Moriré despeinado, con los ojos firmes hasta donde sea posible, angélico y aterrador. Circularán leyendas sobre mí, se oficiarán rituales, se pronunciará mi nombre bajo las estrellas, comerán asado, bailarán a mi alrededor, cantarán apañados del frío por gruesos fogones, emponchados, mientras les señalo el camino, todo el camino, el mejor, allá está, y yo congelado en mi caballo inmóvil, pero mis ojos la ven, ven la promisión. Moisés tiene que morir para que su pueblo pueda alcanzar la tierra reservada para ellos. Seré un dios, un dios lluvioso, inundaré las calles, las miradas, los oídos. Invadiré los sueños. Los libros narrarán mis hazañas, si no existen, los autores las forjarán sólidas e inoxidables para que nadie me calumnie. Me amarán los gobernantes, les serviré de ejemplo y estandarte y a mi vez los usaré para perpetuarme. Nadie que haya vivido en este valle olvidará mi nombre, seré inmortal salvo por un detalle que no se me escapa: estaré muerto.


*

Espere, mi General, no se me muera, aguántese un ratito nomás, quédese quieto, no demoro. Si le duele demasiado, intente no hacerlo notar, si no la pintura saldrá movida. Vamos, aguante un poco, el frío pronto dará paso, con notables fiebres, a la cesación definitiva. Conserve la postura. (Por lo bajo) Hay héroes que no saben morir. Sí, así está mejor. No, no sonría, es de mal gusto. Queremos que se muera, no que parezca su fiesta de cumpleaños. (Cambia a un tono pedagógico) La rigidez precede y acompaña durante un cierto lapso temporal a la palidez, a veces sobreviene un rictus payasesco, pero usted, mi General, no se preocupe que yo hago milagros, bah, milagros, pinto cuadros que dan un gusto verlos terminados. ¿Alguna vez vio cuadros de mártires? ¿No? (Para sí mismo) Claro que no. Sus caras piadosas, la mirada fija en el otro mundo, esos sí que contemplan a Dios, créame don Mártir Miguel cuando le digo que usted lo va a mirar al Tata Dios a los ojos, qué digo, le va a tocar la punta de la nariz con la suya propia, le va a olfatear el aliento y se enredará en su barba sagrada, se lo garantizo o le devuelvo el dinero… A ver, quietito, no se me distraiga. ¿Ve mi mano aquí? Vamos, mire el pajarito, ¡qué bueno el changuito! Ya casi no falta nada, un toquecito por acá, un pincelazo en las cejas y le arqueamos un poquito las pestañas, un poco más de rouge y… listo. (Da vuelta el cuadro y se lo muestra al General) ¿Qué tal, eh? ¿Le gusta? ¿Verdad que está igualito? Ahora ya puede morirse tranquilo, prometo no molestarlo más. ¿Cómo? ¡Oh, gracias a usted! Pero por favor, faltaba más caball. (Señala al General y le dice, en confidencia, a un soldado inmóvil a su lado) Me parece que ya se murió. (Le estrecha la mano para despedirse pero el cadáver no hace más que insistir en las interrupciones propias de su condición, le suelta la mano y ésta se desploma como un edificio ¡plaf! Inútil repetir el gesto, aquello no era Güemes).

El notario, apresurado, consigna en el que será el primer tomo de la Historia General de Salta, sus alrededores e Ilustres habitantes página dos: “Aquí yacen los restos del héroe gaucho Don Martín Miguel de Güemes”. El niño del último banco iza con premura su brazo.

LA MAESTRA: __ ¿Qué querés?

EL NIÑO: __ ¿Y esos son todos sus restos? ¿Acaso no le quedaba más?

LA MAESTRA: __ ¿Te parece poco?

EL NIÑO: __ Lo que resta siempre da menos. (Esto lo profiere axiomáticamente el alumno, insensible ante el fallecimiento del insigne prójimo).

PAUSA

(Otra vez la manito levantada).

LA MAESTRA: __ ¿Y ahora qué querés?

EL NIÑO: __ Si todos somos iguales, ¿por qué nadie me hizo un monumento grande grande grande?

(Asombrada con la pelotudez aberrante del niño, la maestra ordena a Orwell salirle al cruce con los tapones de punta porque algunos son más iguales que otros)

*

Encrucijados él y su caballo, tomaron el camino más corto hacia la muerte. Llegado allí, el hombre sin imágenes, se dejó apresar junto a su cuerpo por un uniforme de gala inmaculado, sin rastros de la hemofilia que no sabía cómo ni dónde iría a alojarse una vez que este infeliz reventase. De todos modos seguía sucediéndole ahí, adentro, a la vista de todos y al mismo tiempo invisible. La muerte avanzaba y ya nadie era capaz de ahuyentarla bien lejos. La sangre huía de su envoltorio, bebida por la tierra para luego perderse antes de que los hombres pudieran agarrarla y metérsela otra vez en las venas. El mundo perdía el equilibrio, los sapos se desbarrancaban y los corderos se lamentaban, plañideros, sin comprender. Se va a morir se va a morir se va a morir. Qué pena estoy. Ando tristeza. Ya se murió.

junio 17, 2009

ANDRÉS CAICEDO, NOCHE SIN FORTUNA

Cualquier cosa que yo haga, me decía Daniel, no creas que lo hago contra ti. Yo ya tengo fijado un rumbo, un itinerario: vos sos una estación, un sitio a donde es necesario llegar porque es necesario continuar. ¿Me entendés? Si algo de lo que yo haga te duele no, no te digo que me perdonés, no, sino que tratés de entender, que de vez en cuando pueden estar actuando sobre uno fuerzas, destinos superiores.
páginas 80-81, editorial verticales de bolsillo.

Pero si cualquier noche es lo mismo. El tiempo no pasa. Antes sí. Ya no cambian las cosas. Te quería decir que podría cruzar las montañas miles de veces sin cansarme, saltar riachuelos, te veo y soy más joven, ahora lo he comprobado, mis amigos sufren por mí y yo no sufro. Todo ha cambiado. Me paso los días sin hacer nada, por eso es que camino. No voy a ser un hombre creativo, pero no pasaré por el tiempo. Me deslizaré a la par con él, ya lo verás tú. Ya lo verás.
página 141, editorial verticales de bolsillo.

junio 12, 2009

EL DÍA MÁS FRÍO DEL AÑO


Estoy loco. De contento. Hoy es el día más frío del año. Este es el verdadero día más frío del año, el de la semana pasada hoy nos parece un cálido juego de palabras que esta mañana nada tiene para decirnos. Cuando uno dice que está loco de contento tiende a exagerar la sonrisa, no se sabe bien si para acentuar la contentura o la locura. Ni mucho menos se puede saber en qué zona de la cara se encuentran, en justas proporciones, cada una de estas. Lo cierto es que sonrío. Al menos eso muestran las ventanas cuando voy dejándolas atrás, y dejo atrás mi trabajo, mis posesiones mentales, y me miro en esos vidrios negros a la madrugada, me sale vapor de todos los poros, sólo ellos pueden saber que existo en este día, al parecer ahora son mis únicos confidentes y sigo sonriendo porque ya no es necesaria la ocasión de las palabras. Las palabras lo enredan todo y sirven de escondite a la bestia que luego somos y anuncian una sola cosa: despedida, dejar de pedir, ¿verdad? Al menos así es en este día, el más frío del año, que me persigue con lascivia de cazador.

Mejor no nos pongamos meteorológicos, circunstancia propicia para anunciar, introducir podríamos decir pero no se trata de algo que hay afuera y luego tenemos que meter adentro, digamos, la melancolía. La verdad es que sonrío pero una suerte de penuria inconfesable me abrasa las vísceras, con lo cual se impone decidir: o sonreír entres estas calles o pensar, pensar y pensar todo el día. Nunca sé cómo es posible pensar en el día más frío del año. La suerte de las horas malamente nos puede acompañar si estamos solos. Y de estar solo se trata cuando el cielo permanece quieto, las hojas secas permanecen quietas y quietos los autos, las personas a medio paso entre el cordón y el asfalto, en la espera de la recolección de pasajeros, el pájaro del cable, la bolsa de nylon infaltable en toda imagen que aluda a la melancolía, todo permanece inalterable, congelado por este frío de locos que atraviesa fibra a fibra mi ropa y me da vértigo en el pupo, ahora un radar de acontecimientos minúsculos.

Añadiré a la permanencia el carácter minúsculo, cuando no absurdo, de todo cuanto sufre el asedio del frío. Yo mismo soy minúsculo, o absurdo, o ridículo, porque mientras todos presienten la congelación sonrío, vestido de payaso en el día más frío del año, que es hoy, no el de la semana pasada. La semana pasada vuelve a sonar en los oídos como un país del que apenas si sabemos el nombre. Y por otro lado se rumorea entre los transeúntes que ese día no podía ser más frío que este y quieren rescatarlo para sobrellevar el presente, como si no fuera ahora, aquí donde asentamos los pies, el mejor lugar, si bien, claro está, el único.

Lo cierto es que los que no tienen casa no saben estarse quietos, iguales a los perros dan vueltas en busca de algún lugar para echarse. En esto estoy cuando la vida recupera el aliento, que se había espesado en una niebla durísima y puedo ver que estoy mojado de ella. Y puedo ver olores en su origen. Al lado de la ruta un canal se abre, exhala su tufo y espanta a los pocos que quedan en pie en las paradas del 60. Al principio me aturde saber que eso también es vida, acaso mucha vida hay en ese miasma donde infinidad de seres se mueven sin cesar. Después sentí pena porque en esa podredumbre insoportable se manifestaba la vida. Todavía más, la vida se manifestaba insoportable.

Seguí caminando, el olor desafiaba mi tolerancia, apresuré el paso, los autos seguían de largo, apenas despiertos, bostezaban con las frenadas del semáforo y cobraban impulsos parecidos a naves de papel hasta convertirse en puntitos rojos y de inmediato tomar la forma de la niebla de donde habían salido. Pero ¿por qué era insoportable? Si eso era la vida, la vida en todo caso para mí. Ese caldo pestilente acaso nos aproximaría a una especie de origen, no podía ser que solo fuese podredumbre, el sentido fétido de su existir ahí para mí era mostrarse en su plenitud viviente. El frío no había detenido los signos vitales de esas aguas mientras todo alrededor era petrificado por la madrugada.

Entonces me detuve, amigos míos, me detuve de una manera en que solo puede detenerse quien ya no es dueño de sí, quien ha sufrido en la invasiva noche el conocimiento de que tan sólo sabe caer y caí, mis amigos, caí en esas aguas podridas y nadé entre los camalotes y choqué mi carne con el torso engusanado de un perro alguna vez blanco y recibí en mi frente las cualidades de la mierda, eso también era la vida, de allí también iba a salir, de un lugar parecido habrá nacido por primera vez el universo. Una vecina asustada corrompió mi éxtasis con un grito que alertó a los policías acerca de mi felicidad. Aguas bautismales del infierno, podría decir para producir algún efecto retórico, pero yo era nuevo, soy nuevo, en el día más frío del año, me pasean desnudo de una comisaría a otra porque no soportan mi hedor, mi perfume a viviente, porque ahora en mí, que estoy solo, que solo puedo saber de mí que estoy parado en la cabeza del día más frío del año, todo es nacimiento. Eso que se muere dará habitación al detritus, sí, y entonces nacerá un nuevo jardín. No puede decirse de otro modo.